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CODING BOOTCAMPS, UNA NUEVA FORMACIÓN

CODING BOOTCAMPS, UNA NUEVA FORMACIÓN
#Marketing
#Otros
16 de dic - min de lectura


En los Coding Bootcamps, cada vez más jóvenes deciden tomar cursos intensivos y dinámicos para suplir la escasez de talento digital que impacta en el desarrollo de empresas y países 2313676h765

A días de finalizar un programa de cuatro meses sobre desarrollo de aplicaciones móviles para el sistema operativo Android, Bruno Morales, de 20 años, empezó a trabajar como programador junior en la filial de Indra en Buenos Aires, una empresa global especializada en soluciones y servicios tecnológicos para terceros. “Aprender a escribir código es como descubrir un nuevo idioma, por eso las primeras instancias son más difíciles, porque se asemeja a incorporar vocabulario y aspectos gramaticales de una lengua extranjera. La capacitación en un centro de estudios basado en la práctica me dio la oportunidad de conocer a fondo las bases para poder seguir avanzando en esta disciplina, profundizar sobre aspectos ya conocidos o bien para dominar un nuevo lenguaje de programación”, dice.

El caso de Bruno no es atípico. De hecho, está creciendo en el mundo la cantidad de personas de todas las edades que cursan en coding schools, también llamados coding bootcamps. Se trata de centros especialmente concebidos para enseñar con intensidad y en base a la práctica las disciplinas digitales del momento como programación web y de apps móviles, marketing digital, Data Science (para detectar patrones analizando grandes volúmenes de datos mediante herramientas, tecnologías y lenguajes de programación) y Diseño UX (para analizar el ciclo de desarrollo de productos digitales tomando el enfoque del diseño centrado en el usuario), entre otras. [caption id="" align="aligncenter" width="300"]“Aprender a escribir código es como descubrir un nuevo idioma”, dice Bruno Morales, de 20 años. La capacitación basada en la práctica lo ayudó a profundizar. Foto: LA NACION “Aprender a escribir código es como descubrir un nuevo idioma”, dice Bruno Morales, de 20 años. La capacitación basada en la práctica lo ayudó a profundizar. Foto: LA NACION[/caption] Su origen se remonta a 2012, para aportar una solución al problema mundial de escasez de talento digital a través de cursos intensivos de cuatro a doce semanas. Esto se debe a que las organizaciones dependen cada vez más del software, ya sea para relacionarse con proveedores y clientes como para garantizar la continuidad de sus negocios. Como consecuencia, hay una demanda creciente de profesionales con conocimiento en áreas digitales. A esto hay que sumarle dos fenómenos: el conocimiento avanza más rápido en el mercado que en la academia, con lo cual lo aprendido puede ser obsoleto al obtener el título de grado, y hasta los puestos de trabajo y profesiones más tradicionales necesitan adquirir estas habilidades para su práctica laboral, más allá de los planes de estudio que hayan aprobado. Con 27 años, Agustina Prieto es licenciada en Relaciones Públicas y en Ciencias Políticas. Además, está estudiando Marketing Digital y para el año próximo piensa cursar Diseño UX en un coding school. “Cuando uno busca una carrera relacionada con la innovación, no necesita un programa rígido, sino uno flexible, que tenga en cuenta los últimos desarrollos. Por caso, cuando estábamos aprendiendo acerca de las herramientas de transmisión de videos online no existía la función para tal fin de Facebook, por ende, los profesores la comentaron unos días más tarde, en cuanto Facebook Live salió al mercado”, describe. Oriunda de Mar del Plata, trabaja como especialista de marketing digital desde 2014 en Accenture Argentina, una empresa multinacional dedicada a la prestación de servicios de consultoría, servicios tecnológicos y de outsourcing, que en el país emplea a unas 7500 personas. “En mi posición aprendo todos los días a medida que trabajo, y algo positivo es posible llevar al trabajo todos los conocimientos que se aprenden en los cursos cortos tan pronto como uno quiera, algo que impacta positivamente en el desarrollo profesional.” A pesar de sus títulos de grado y de su experiencia laboral, Agustina sentía que le faltaba conocer más acerca del marketing digital: “Desde que empecé a hacer el curso, mi trabajo muestra mejores resultados. Por ejemplo, no sabía que existía la posibilidad de adquirir un hashtag patrocinado en Twitter, y antes de hacer el curso perdía bastante tiempo investigando en estas cuestiones cuya respuesta obtengo ahora en segundos”. [caption id="" align="alignnone" width="640"]Para Nelson Duboscq, CEO de Digital House, estas propuestas no vienen a reemplazar a las carreras de grado, sino que los complementan.. Foto: LA NACION Para Nelson Duboscq, CEO de Digital House, estas propuestas no vienen a reemplazar a las carreras de grado, sino que los complementan.. Foto: LA NACION[/caption] Para ella, los que se inclinan por esta metodología de estudio deben aprovechar al máximo dos pilares: “El primero es practicar todos los días; el segundo, participar de meetup, workshops y muchos eventos sin costo que organizan estos centros, a los cuales cualquiera puede asistir para seguir aprendiendo y para relacionarme con personas que eventualmente sean socios o empleadores”, dice. Los casos de Bruno y Agustina ponen de manifiesto el espíritu del nuevo sistema de enseñanza mediante el cual los alumnos “aprenden haciendo” y, con las metodologías ágiles que se utilizan en las organizaciones, logran ser productivos rápidamente. Mientras que en los Estados Unidos los referentes son General Assembly, Galvanize y Dev Bootcamp, entre otros, en la Argentina es Digital House (www.digitalhouse.com). Otras de las particularidades de los coding bootcamps es que realizan distintas acciones para insertar en el mercado laboral a sus graduados. “El 95% de nuestros egresados consigue empleo al concluir su curso”, cuenta a La Nación revista Gonzalo Manrique, fundador del centro de estudios de origen español IronHack. Desde el norteamericano Flatiron School informan que ese mismo porcentaje de ex alumnos es contratado en puestos técnicos dentro de los 120 días, y Digital House organiza eventos llamados Recruiting day para que firmas de primera línea aceleren el proceso de contratación de sus alumnos y egresados. [caption id="" align="aligncenter" width="281"]Agustina Prieto, licenciada en Relaciones Públicas y Ciencias Políticas, estudia marketing digital y piensa cursar diseño UX. Foto: LA NACION Agustina Prieto, licenciada en Relaciones Públicas y Ciencias Políticas, estudia marketing digital y piensa cursar diseño UX. Foto: LA NACION[/caption] En función de las inquietudes y motivaciones es que los estudiantes avanzan luego en su carrera profesional, ya sea dentro de una organización o haciendo otros cursos presenciales u online.

APRENDER A EMPRENDER

Ignacio Siccardi, de 23 años, es el CEO de Laburame.com, una aplicación móvil que se descarga sin costo en dispositivos móviles con sistema operativo iOS y Android, que utiliza la lógica de la app de citas Tinder para relacionar de manera ágil y personalizada a empresas que buscan talentos con profesionales que quieren conseguir trabajo, tal es el caso del Banco Galicia, Despegar, MercadoLibre, PricewaterouseCooper (PwC) y Techint, entre otras. “Como la organización detalla qué perfil que necesita, sólo los postulantes que cumplen con ese requisito reciben el aviso. Si el usuario acepta la propuesta y la contraparte hace lo mismo al ver en CV del candidato, comienzan a dialogar para generar una entrevista. Así, ambos ahorran tiempo porque no tienen que buscar entre cientos de clasificados ni de postulaciones recibidas”, explica este licenciado en economía empresarial que realizó un curso de cuatro meses en programación web full-stack para crear sitios web sólidos y funcionales. Tras su paso por un coding school que le impuso un entrenamiento de cuatro horas diarias en programación, Ignacio opina que “todos los emprendedores deberían saber escribir código, porque además de no tratarse de una disciplina difícil, es fundamental para poder analizar el mercado desde otras perspectivas”. Así pone en su boca palabras pronunciadas hace varios años por el fundador de Apple, Steve Jobs, quien solía insistir con que todo el mundo debería aprender a programar porque esta actividad enseña a pensar. [caption id="" align="aligncenter" width="242"]María Fernanda Fabris (Izq.), a punto de terminar un curso de cinco meses, está concentrada en el relanzamiento de su vinoteca online. Foto: LA NACION María Fernanda Fabris (Izq.), a punto de terminar un curso de cinco meses, está concentrada en el relanzamiento de su vinoteca online. Foto: LA NACION[/caption] Dada la facilidad para acceder a herramientas tecnológicas de punta y las oportunidades de negocio que ofrece, son muchísimas las personas que desarrollan sus negocios en plataformas online. “Como el costo más alto para afrontar es el salario de los perfiles técnicos, quien programa no sólo ahorra por este lado, ya que no depende tanto de terceros, sino que -en base a aprendizaje continuo- puede ir adquiriendo más conocimientos vinculados a lo digital de una manera más sencilla y resolver problemas desde otra lógica”, explica el joven CEO. Aunque la herramienta fue lanzada recientemente y con fondos propios, Ignacio sueña con ir más allá: “Queremos cambiarles la vida laboral a muchas personas y hacer crecer la empresa al resto de América latina”, remata. Si bien hoy se desempeña como asistente del gerente de general de una firma argentina de indumentaria, María Fernanda Fabris, de 25 años, está realizando un curso de marketing digital con el objetivo de que los jóvenes mayores de 18 se inclinen por el consumo de vino, en vez de otras bebidas alcohólicas. “Con mi pareja, un diseñador gráfico freelance de 29 años, tenemos una vinoteca online y realizamos distintas acciones de marketing en las redes sociales, pero nos dimos cuenta de que estábamos estancados y debíamos trabajar de manera profesional para tener éxito”, cuenta esta ex estudiante de relaciones internacionales, que está a punto de terminar un curso de cinco meses en el coding school argentino Digital House, y está concentrada en el relanzamiento del negocio, previsto para inicios de 2017. [caption id="" align="aligncenter" width="209"]Ignacio Siccardi, de 23 años, es el CEO de Laburame.com, una aplicación móvil que utiliza la lógica de la app de citas Tinder, pero para relacionar a empresas que buscan talentos con profesionales que quieren conseguir empleo. Foto: LA NACION Ignacio Siccardi, de 23 años, es el CEO de Laburame.com, una aplicación móvil que utiliza la lógica de la app de citas Tinder, pero para relacionar a empresas que buscan talentos con profesionales que quieren conseguir empleo. Foto: LA NACION[/caption] María Fernanda dice que el 50% de las personas de entre 18 y 30 años consume vino mezclándolo con otras sustancias, como agua o jugos de fruta, por eso, con Pingsai Wines, que es su emprendimiento, busca atrapar mediante estrategias de marketing digital al 50% restante, mostrando que el vino también puede ser una bebida fresca para tomar entre amigos. “Realizar un programa inmersivo es una experiencia muy dinámica y enriquecedora. Si bien yo empecé a hacer un curso online, una de las características de estos centros de estudio enfocados en habilidades digitales es que cuentan con espacios de co-learning y co-working, donde uno puede estar todo el día trabajando en sus ideas con ayuda de expertos que nos asesoran para que desarrollemos nuestros proyectos durante la cursada. En este sentido, uno se siente como en su propia casa ya que se vive una combinación de informalidad, profesionalismo y trato personalizado.” Para Dolores María Soaje Pinto, de 38 años, al momento de crecer profesionalmente es fundamental hacerlo en el marco de una comunidad: “Algo muy positivo de los coding schools es que a las personas les gusta compartir su conocimiento”. Cuando esta licenciada en Marketing era estudiante universitaria, internet estaba en sus albores, por eso el plan de estudios no contemplaba materias vinculadas con el mundo online, y las estrategias que estaba implementando en el negocio familiar se basaban en el sentido común y en contenido desactualizado: “Hasta mediados de este año invertíamos en publicidad digital pero no sabíamos aprovechar los datos que arrojan las plataformas como Google y Facebook, entonces desconocíamos los resultados de las campañas, algo que cambió rotundamente con la capacitación porque ahora puedo convertir esa información en conocimiento para poder cerrar negocios”, describe. Tras observar los buenos resultados obtenidos desde que trabaja de manera profesional, Dolores habilitará en breve nuevas vías de comunicación digital para conocer mejor a los clientes actuales y potenciales a fin de poder concretar más operaciones. Para ella, si bien los cursos cortos son muy intensivos y requieren de mucho compromiso por parte el alumno, nota que en su aula todos disfrutan de cada clase porque los profesores, que son especialistas de las materias que dictan, plantean casos concretos de aplicación en donde ellos han sido protagonistas. “Algo fundamental es que, como esta disciplina es dinámica, nos enseñan a seguir aprendiendo más allá del programa, para que podamos mantenernos actualizados”, subraya. En sintonía con lo que sucede en los coding bootcamps de todo el mundo, Shawn Drost, cofundador del centro norteamericano Hack Reactor, explica a La Nación revista que el perfil del alumno de los cursos de programación es muy heterogéneo: “La franja etaria va de de los 25 a los 35 años. Mientras los más grandes toman al curso como un posgrado para intentar darle un giro a su carrera laboral, los más jóvenes optan por esta propuesta en vez de la universidad”. Nelson Duboscq, CEO del coding school argentino Digital House, destaca que “aunque visto desde afuera programar parece difícil, en realidad no requiere de otra cosa más que de entrenamiento. Se aprende a programar con ayuda de un profesional, pero luego es fundamental que haya un proceso de práctica y dedicación, como cualquier otra actividad que requiere experiencia, como tocar un instrumento o practicar un deporte”. Tras unos meses de estudio y práctica, la inserción laboral de los egresados, aseguran, está prácticamente garantizada ya que hay déficit de los profesionales que se forman en estas disciplinas. De hecho, según datos de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), la industria del software nacional planea crear 7000 nuevos empleos durante el presente año. Sólo este sector emplea a 81.800 profesionales y 5000 posiciones no pudieron ser cubiertas en el último año por no contar con los talentos necesarios. Esto significa que si se considera a las organizaciones del sector público y privado en general, la demanda de empleados es muy superior. A todo esto, los expertos afirman que aprender las disciplinas del momento es apto para cualquier persona mayor de 18 años, ya que no hay que tener conocimientos previos vinculados al mundo digital, y que la nueva formación profesional está dando buenos resultados. De todos modos, para garantizar un alto nivel educativo, los coding bootcamps realizan exámenes de ingreso. Sólo en los Estados Unidos se graduarán este año cerca de 18.000 alumnos, comparado con los 10.333 que lo hicieron en 2015, según datos de Course Report. Además, dentro del alumnado, el 43% son mujeres, contra el 15,7% que representan en las universidades. De esta manera, estos centros ayudan a insertar al público femenino en un mercado en donde predominan los hombres. Para que los trabajadores se formen en los puestos de trabajo que los Estados Unidos necesitan para seguir creciendo, el gobierno de ese país lanzó en 2015 la iniciativa TechHire para formar perfiles tecnológicos de la mano de las universidades, los coding bootcamps y las empresas. En esta línea, el gobierno argentino presentó hace unos meses el programa 111 mil para formar talento digital mediante una cursada anual y un examen posterior que certifique su formación. Si bien las clases no se imparten en coding bootcamps, están utilizando una metodología que también se basa más en la práctica que en la teoría. El plan que propone tiene el objetivo de contar en 4 años con cien mil programadores, 10 mil profesionales y un millar de emprendedores. Al ser consultado sobre el futuro de este sistema de aprendizaje, Sherif Abushadi, profesor de Dev Bootcamp, en San Francisco, respondió: “La demanda de programadores continuará. Esto hará que los coding bootcamps sean cada vez más populares en todo el mundo no sólo para los jóvenes, sino para que las empresas capaciten a sus empleados tengan o no perfiles técnicos”. [caption id="" align="aligncenter" width="221"]“Algo muy positivo de los coding schools -dice Dolores María Soaje Pinto (Der.)- es que a las personas les gusta compartir su conocimiento”. Foto: LA NACION “Algo muy positivo de los coding schools -dice Dolores María Soaje Pinto (Der.)- es que a las personas les gusta compartir su conocimiento”. Foto: LA NACION[/caption] Para el CEO de Digital House, las nuevas propuestas educativas no vienen a reemplazar a las carreras de grado, sino que los complementan, y sirven para formar a los talentos que las industrias y los países necesitan para avanzar en un mundo globalizado, en donde el conocimiento avanza a un ritmo vertiginoso y cada vez más digital.

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